mercredi, juin 29, 2005

2005, odisea en Pamplona

Ayer fui a Pamplona en uno de esos viajes de trabajo que últimamente me llevan a recorrer la geografía hispana. El día se presentaba inmejorable, pues por apenas 5 horitas de trabajo iba a pasar el día entero fuera, cobrar dietas por ello, y como colofón comer con Lumen y señora. ¿Qué mas podía pedir? Sin embargo nunca debemos fiarnos, pues las complicaciones aparecen cuando menos te lo esperas, y el día de ayer acabó convirtiéndose en una verdadera odisea que os intentaré resumir aquí.

A Pamplona me iba en tren, que salía a las 7:15 de la mañana de Atocha, lo que me obligó a levantarme una hora y media antes de lo habitual. Mi chico, que es un sol, se levantó conmigo y me acompañó a la estación, para así poder desayunar conmigo (aunque seguro que lo hizo solo por interés, que invité yo ;P). El viaje hasta la capital navarra transcurrió sin incidencias, sirviéndome las 3 horas y media de trayecto para leer el periódico, acabarme el libro que llevaba y ver un peli. Y a las 11 estaba en el exterior de la estación buscando un taxi que me llevase al centro. De mi última estancia en Navarra recordaba una parada de taxis justo a la puerta, sin embargo dicho espacio estaba ocupado por coches particulares y las señales que otrora indicaban la parada se encontraban cubiertas por bolsas de plástico negras. Bueno, la habrán movido de sitio”, me dije, y entré nuevamente para preguntar a algún amable lugareño. Huelga, me dijeron, y desde hace tres meses. Así que fui corriendo hasta el autobús que acababa de llegar y me fui al centro. Una señora encantadora no solo me dijo en que parada debía bajarme para ir a la Plaza del Castillo (lugar donde había quedado con lumen) si no que una ves fuera del bus me indicó el camino a tomar para llegar. Tanto la plaza como el café Iruña los encontré sin problemas, y me dispuse a esperar a luzdivina mientras me tomaba un refresco en su terraza.

Adoro a ese hombre y a su mujer. Son personas encantadoras, y me proporcionaron una mañana agradabilísima con buena conversación e inmejorable compañía, que fue rematada por una comida típica a base de pintxos (por un día mandé a la mierda el régimen, porque ir a según que sitios y dieta son términos incompatibles). Después nos dirigimos en la “Enterprise” al instituto donde yo tenía que dar el curso y nos despedimos hasta otra ocasión, que a ver si llega pronto.

El curso bien. Ya llevo bastantes dados y las cosas me salen de carrerilla, con lo que todo salió a pedir de boca. Era entonces cuando comenzaba el problema, ya que, como es lógico en cualquier ciudad, el aeropuerto de Pamplona está ligeramente apartado del centro, y el que no hubiese taxis complicaba la forma de ir hasta allí.

En la cafetería del instituto donde tuvo lugar el curso pregunté que autobús me llevaba hasta allí. Tenía que coger primero una bus al centro, y una vez en la Plaza del Príncipe de Viana coger La Villabesa hasta Noain. Hasta aquí sin problemas, salvo el calor, pero una vez que cogí la línea 16 me enteré que el autobús al aeropuerto no llega exactamente al aeropuerto, si no que te deja a unos 1000 metros del mismo, en la carretera, sin una mísera acera por donde transitar. Y allá me dispuse yo a subir, andando por la cuneta, mientras algunos conductores jocosos me pitaban y yo mentalmente me iba cagando en toda su familia. Sudorosa y recalentada por el sol llegué a la terminal, me compré un botellín de agua y me dispuse a esperar a mi avión, cuyo embarque estaba previsto para las 20:40.

Sin embargo, supongo que habréis oído algo del caos que Barajas está siendo desde el pasado fin de semana. ¿Huelga de celo?, ¿mayor tráfico aéreo del que las infraestructuras pueden soportar?, ¿cambio en la dirección del viento?. La verdad es que ni lo sé ni me importa. Lo único que me preocupa es que ayer me tiré casi dos horas (y pena del casi, que a las dos horas te tienen que invitar a cenar)esperando en el aeropuerto de Pamplona para poder volverme a mi casa. Y con lo aburrido que es eso, porque en un momento determinado tanto la tienda como la cafetería cerraron sus puertas y nos dejaron allí, sin nada que hacer. Sólo les faltó dejarnos a oscuras.

Por fin Barajas autorizó el despegue y pudimos partir rumbo Madrid. Era la primera vez que me montaba en un Air Nostrum, y además del ruido infernal que hacen esas hélices, tiene como cosa positiva que siguen dando comida y bebida gratis a sus pasajeros, cosa que, aunque no es mucho, al menos mitigó parte del hambre que tenía, y me hizo aguantar hasta llegar a casa, a las 12 y media de la noche (menos mal que el taxi le metió bastante caña), donde me esperaba la cena que mi chico me había preparado. ¿Es o no es un amor?

Y claro, esta mañana cuando tocó despertarse tenía los párpados del revés, y llevo todo el día con un sueño que no me tengo en pié. Menos mal que soy una experta en parecer ocupada aunque no haya apenas curro. Jeje.

8 commentaires:

Nemo a dit…

Tal y como está Barajas, alégrate de haber esperado sólo una hora.

Fantine a dit…

No fué una, fueron dos. Pero si, la verdad es que en el fondo tuve suerte. En mi avión había una argentina que había perdido su conexión para volver a su pais, y lo único que sabía es que probablemente tendría que quedarse a hacer noche en un hotel.
De todos modos, el cúmulo de casualidades negativas ha tenido su aquel ;)

. a dit…

A mí los aeropuestros me encantan, y por españa los hay tan cutres que hasta son monos.

cary a dit…

Menuda aventura.
Mira, al menos no podrás decir que en tu trabajo todos los días son iguales :p

Gorpik a dit…

Villavesa, no villabesa. En Pamplona los autobuses urbanos se conocen popularmente por ese nombre porque la primera línea iba hasta Villava (el pueblo de Induráin, en efecto).

Fantine a dit…

Ups, pues Villavesa (pensaba que Villava se escribía la segunda con B). Pero en vez de alabar lo bien que empleo el léxico pamplonés ...

Solo me faltó decir lo majicos que habían sido todos conmigo, y lo buenos que estana los pintxicos que me comí con lumen :P

Rapunzell a dit…

Menos mal que por lo menos llegaste a casa a cenar, que mal dadas podías haberte comido los filetitos a la plancha de desayuno.

Gorpik a dit…

En Galicia sí, pero en Navarra no. A mí también me extrañó la primera vez que lo leí.