lundi, septembre 12, 2005

Viaje a Portugal III: Coimbra y Conímbriga

El miércoles amaneció nublado. El día anterior habíamos decidido que si no hacía día de playa aprovecharíamos para ir hasta Coimbra, así que tras ver el panorama desayunamos, cogimos el coche y nos encaminamos hacia esa hermosa ciudad. Como no teníamos prisa decidimos ir por carretera, en vez de por autopista, y en los mas o menos 60 kilómetros de trayecto no dejamos de ver grupos mas o menos numerosos de gente, ataviados con chalecos reflectantes, caminando por el arcén en la misma dirección que nosotros, a modo de peregrinos. Yo supuse (y luego comprobé que tenía razón), que era algún tipo de peregrinación hacia el santuario de Fátima, y así era, ya que ese fin de semana, coincidiendo con la festividad de la Virgen, había algún tipo de acto multitudinario de integrismo cristiano.

Llegamos a Coimbra bastante pronto, y tras dar algunas vueltas con el coche en las que solo divisábamos plazas de aparcamiento o bien de pago, o bien de extorsión (entiéndase, con el gorrilla de turno) encontramos un sitio cojonudo donde dejar el coche y que nos salió totalmente gratis. Nos pusimos entonces a buscar una oficina de turismo, y encontramos una en el Mercado donde nos hicieron una ruta de lo mas interesante para ver en un día.

Obviamente, lo primero que fuimos a visitar fue la Universidad, que es una de las más antiguas de Europa. Ésta se encuentra en lo alto de una colina, alrededor de la cual ha ido creciendo la ciudad, por lo que el llegar hasta ella nos supuso una tremenda cuesta y una escalera en la que, no sé por que, me puse a tararear la música de Rocky. Una vez allí nos dirigimos a la Universidad Antigua, donde pudimos admirar no solo las espectaculares vistas que se divisan desde su Patio de Escuelas, si no también su Paraninfo y, sobre todo, su magnífica biblioteca barroca.

Entre unas cosas y otras nos dio la hora de comer, así que salimos de la Universidad y empezamos a bajar en dirección a la Catedral Nueva, y justo allí encontramos un restaurante de menú del día donde comimos genial por 13 € los dos. Con el estómago ya lleno y habiendo parado de llover nos pusimos nuevamente en camino, entrando en la Sé Nova que antes solamente habíamos visto por fuera. Era una catedral neoclásica, bastante sobria, y la verdad es que no nos gustó demasiado. Sin embargo Coimbra (al igual que Salamanca, y es que son ciudades con muchas características comunes) tiene otra catedral, la Sé Velha, que es una maravilla del románico. Realmente no llegamos a entender el por qué de construir una nueva teniendo esa preciosidad a escasos 200 metros, pero bueno, nunca espero razones lógicas de la Iglesia.

Tras salir de la catedral se abría ante nosotros un grupo de callejuelas empinadísimas plagadas de tiendas de objetos típicos, tanto de la propia ciudad como de Portugal en general (azulejos, Gallos de Barcelos, ...). Bajamos por la Rúa Quebra Costas (literalmente significaría Calle Rompe Espaldas, y doy fe de que era una cuesta muuuy empinada) y fuimos a dar a la puerta más curiosa de la zona amurallada: a Torre da Almedina (lo que llaman Núcleo da Cidade Amuralhada), que por coincidir con la zona más vulnerable de la misma tenía una doble muralla con sendas puertas. Por ellas accedíamos a la zona comercial de la ciudad, o la Coimbra Baja, donde estudiantes, turistas y lugareños se entremezclaban de forma bulliciosa en las terrazas de los cafés y alrededor de los escaparates. Llegamos entonces al que sería nuestro último destino en Coimbra: el Monasterio e Igreja da Santa Cruz, en cuya iglesia se encuentran enterrados los dos primeros reyes de Portugal. Nos quedaron por visitar los Conventos de Santa clara a Nova y Santa Clara a Velha, así como el Jardim Botánico y el Portugal dos Pequeñitos, que es una reproducción en miniatura de los edificios y construcciones mas representativos del país Luso.

Fuimos entonces a recoger el coche, porque nuestra siguiente parada iba a ser Conímbriga, que es el asentamiento romano mas importante de Portugal, a unos 20 kilómetros de Coimbra y antecesora de ésta. Aunque yo pensaba que lo lógico era que las ruinas estuviesen más próximas a la ciudad este no era el caso, lo que provocó que nos pusiésemos nerviosos al ver que no dábamos llegado y que en ningún lugar se veía la más mínima indicación del lugar. De todos modos, y aunque no lo creáis, llegamos sin habernos perdido ni una sola vez. Debe ser que mi GPS cerebral se desconecta solamente cuando voy de excursión con mensistas.

Las ruinas están bastante bien conservadas, y actualmente están restaurando el Foro y el Teatro. Lo más destacable son las termas, donde se aprecian muy bien las distintas piscinas y los conductos por donde se calentaba el agua, y una villa impresionante con múltiples habitaciones y patios interiores. También era curiosa su muralla, que partía a la ciudad en dos, ya que fue construida con urgencia cuando los pueblos germánicos llegaron a las puertas de la ciudad, lo cual acabaría siendo el fin de Conímbriga. Y como parte final del recorrido: el Museo, donde pudimos admirar multitud de piezas romanas desenterradas del yacimiento conimbrigano, desde utensilios cotidianos hasta joyas y armas, así como hermosos mosaicos, esculturas ...

Terminada la visita, pusimos de nuevo rumbo a Aveiro para cenar, y tras una paradita en Costa Nova para tomar un cafelito caliente regresamos al camping con ganas de poder ir a la playa al día siguiente.

1 commentaire:

Gorpik a dit…

No sé si hay que echar realmente la culpa a la Iglesia por lo de las catedrales. En el siglo XIX es muy probable que la gente pensara que la catedral que tenían era muy vieja y desvencijada.

Mi abuelo siempre decía que tenían que tirar la Puerta del Carmen de Zaragoza, que no era más que un montón de piedras viejas.