mardi, octobre 04, 2005

Viaje a Portugal IV: Un poco de playita, para variar

Y llegó el jueves, que resultó ser un día precioso. Como ya había costumbre nos levantamos tempranito y fuimos a desayunar, dispuestos a ir hasta la playa a ligar un poco de bronce y darnos un chapuzón. Para lo primero no hubo problema, ya que el sol lucía espléndido en un cielo totalmente azul, sin embargo lo del chapuzón estuvo un poco mas complicado.

Para los que no hayáis estado nunca, he de deciros que la costa portuguesa se caracteriza por lo peligrosos de gran parte de sus playas. Tened en cuenta que estamos hablando de mar abierto y de la costa Atlántica, con lo que el oleaje es, cuando menos, movidito. Para que os hagáis una idea, en el acceso a la playa había un cartel que decía algo así como: “si te bañas en esta playa lo haces únicamente bajo tu responsabilidad”. A pesar de ello había socorristas por si acaso, aunque visto el cartel, no te garantizaban tu integridad física.

Pues bien, ese día se nos hizo imposible darnos un baño en condiciones en el mar. El oleaje era tal que al intentar entrar te lanzaba contra la orilla, y la considerable altura de las olas por varias veces me dejó calada de pies a cabeza. Aún así hacía calor, y el agua estaba muy fresquita (bueno, fresquita para mí y para cualquier gallego medio. Para madrileños, castellanos y nos digamos ya levantinos estaba para no meterse) con lo que por varias veces repetimos el mismo ritual de aproximarnos, ser sorprendidos por una hola, correr como alma que lleva el diablo hacia la orilla, intentar entrar de nuevo, aprovechar el retroceso de una hola para sentarnos y salir agotados y llenos de arena hasta el último intersticio de nuestro cuerpo. Decidimos entonces ponernos a jugar a las palas en la orilla, sumergidos hasta la rodilla, ya que de ese modo hacíamos ejercicio, nos divertíamos y nos remojábamos todo en uno.

Tras una larga mañana en la playa nos fuimos hasta Aveiro a comer, y no se nos ocurrió mejor sitio que un restaurante chino. Pudimos comprobar que había algunas diferencias con respecto a sus homólogos españoles, básicamente en la forma de llamar a algunos platos (por ejemplo, no existen los rollitos de primavera, si no que son Crepes chineses). Aún así, la comida estuvo bien, y lo que es más importante, fue barata (y es que a ese respecto tuvimos mucha suerte durante prácticamente toda la semana).

Aprovechando que estábamos allí, volvimos al aula municipal de informática de Aveiro, a echarle un vistazo al correo y hacer limpieza en las cantidades ingentes de mails recibidos. Después fuimos hasta el Palacio de Congresos de la ciudad, ubicado en una antigua fábrica de cerámica, y finalmente nos dimos un paseo por las salinas, puesto que una de las principales actividades económicas de la ciudad es la producción de sal. Las salinas son un gran espacio a la orilla del mar, que puede recorrerse gracias a unos senderos que han habilitado entre medias, en los cuales puedes encontrar carteles explicativos de todo el proceso productivo.

Volvimos entonces a Costa Nova y nos dispusimos a dar un paseo a la orilla del mar. Tenían allí un puesto de alquiles de triciclos, tanto individuales como para tres o cuatro personas, así que alquilamos uno y nos dedicamos a recorrer todo el paseo marítimo pedaleando y riéndonos a partes iguales. Llegamos así agotados a la hora de la cena.

Para cenar volvimos a Aveiro, y cogimos comida para lleva. Teníamos la intención de cenar en la playa, mirando la puesta de sol, pero las prisas nunca son buenas consejeras, y cuando llegamos a la playa el último resquicio de sol asomaba en el horizonte, de un color rojo brillante. Ya que estábamos allí cenamos sobre la arena, mirando al mar y oyendo como las olas rompían contra la orilla. La verdad es que esa sensación es una de las cosas que mas echo en falta en Madrid: el oir el suave rumor del agua contra la orilla, con el graznar de las gaviotas de fondo. Esas cosas que si que me provocan una gran sensación de morriña.

Y un nuevo día pasó. Como veis bastante relajado, cosa que también sucedería en los dos días siguiente. Pero es que para eso son las vacaciones, ¿no?

4 commentaires:

Gorpik a dit…

Jamás pensé que alguien pudiera echar de menos los graznidos de las gaviotas. Qué cosas se leen.

Fantine a dit…

Es que aunque las gaviotas sean como ratas en sus comportamientos a mi me resulta inconcebible estar cerca del mar sin oirlas. Te aseguro que le acabas cogiendo el gustillo a su chirriante graznido :D

Capitan Napalm a dit…

Vete ya a la puta mierda, joder. Que no he tenido vacaciones. Que es Octubre. Que te vayas a tomar por culo ya.

Escribe sobre pájaros y flores pero deja ya de amargarme la puta vida.

Fantine a dit…

Jo Capi, es que no tengo tiempo de escribir mas a menudo :_(. Snif, snif.

Ya se que debería haber terminado la plastoserie hace tiempo, pero bueno. Solo queda digno de contar el día en Oporto, pero lo trataré en otra ocasión ;P