Como comentaba un par de entradas atrás, ayer fui con unos cuantos mensistas al teatro, a ver La Cena, de Jean Claude Brisville, adaptada y Dirigida por Josep María Flotats, y protagonizada por éste y por Carmelo Gómez (suspiro, suspiro). La obra genial, y ellos fantásticos, auque eso ya me lo esperaba.
La acción transcurre en casa de Tayllerand, en una hipotética cena que él y Fouché la noche antes de la coronación de Luis XVIII como Rey de Francia, tras la derrota de Napoleón en Waterloo. Para quien no haya oído hablar de estos dos individuos, decir que Tayllerand fue, entre otras cosas, Ministro de Asuntos Exteriores, y Fouché Ministro de la policía, con los sucesivos Gobiernos de Francia, desde la Monarquía a Napoleón, pasando por el Directorio, y volviendo nuevamente a la Monarquía. Como decía el personaje de Tayllerand en la obra (cito de memoria, no pretendo ser exacta): “Podré no haber sido fiel a las personas, pero siempre he sido fiel a Francia”
Lo dicho, la representación muy buena. Si a esto le sumamos la grata compañía, podremos calificar la velada de estupenda. Y si tenemos en cuenta lo que pasó a la salida, pues ya la definiría como memorable.
Como supongo que no se le habrá escapado al lector avispado, una servidora siente debilidad por Carmelo Gómez, tanto físicamente como por su trabajo. Por otra parte siempre ha sido uno de esos personajes públicos que, sin conocerlo de nada, me caía bien. Pues bien, ayer tras salir del teatro, entramos en el Círculo de Bellas Artes a tomarnos algo, y poco después de nosotros entró también Carmelo Gómez (acompañado de una señora). Me parecía tentador, teniéndolo a escaso dos metros de mi, pedirle que me firmase el programa de la obra, así que me levanté para hacerlo. Fue amabilísimo, y me preguntó por mi sincera opinión sobre el montaje, la interpretación ... y al despedirse me dio dos besos (suspiro, suspiro, suspiro). Lo dicho, encantador.
Y es que da gusto encontrarse con gente de tanta valía profesional que, pese a haber alcanzado fama, sea de trato tan agradable. Al fin y al cabo no dejan de ser personas, igual que cualquiera de nosotros, pero es triste como alguno se endiosan y miran a su alrededor como si todos los presentes les debiésemos algo.



9 commentaires:
Hace mucho que separo tajantemente al artista de la persona. Soy un ferviente seguidor de gente a los que escupiría en un ojo si tuviera que vivir cerca de ellos.
Ser un buen artista no exige ser buena gente. Pero me alegro de que la rabiosa fan dentro de ti no se llevara un palo con Carmelo Gómez.
Hace mucho que separo tajantemente al artista de la persona. Soy un ferviente seguidor de gente a los que escupiría en un ojo si tuviera que vivir cerca de ellos.
Ser un buen artista no exige ser buena gente. Pero me alegro de que la rabiosa fan dentro de ti no se llevara un palo con Carmelo Gómez.
Suerte tienes de que Jambri sea un santo :-DD
Oye, un jabalí ha posteado en mi blog. Luisma, nada menos.
No sé si sentirme honrado o aterrorizado. Pero citando a Dile: "Lo que es yo, me lo paso teta". Y eso que no estoy en Mensa.
Uf, Imperator, pues te acompaño en el sentimiento. Espero que no te de mucho la tabarra el individuo ese
Bueno, la verdad es que no tiene capacidad para molestarme. Sólo la que yo decidiera otorgarle, que es un valor tan cercano a cero como se pueda imaginar.
Había una época en la que acostumbraba a ir al teatro (cuando mi economía me lo permitía) y normalmente, aún no sé por arte de qué, acostumbraba a encontrarme con los actores/actrices cuando íbamos a tomar la copichuela post-representación en algún bar cerca del teatro. Tenía una fabulosa colección de autógrafos, pero fué engullida por el agujero negro de mi casa (o el de las mudanzas, que parece que no tiene fondo...)
En 1989, tuve que ir al programa que hacía por la
tarde Jesús Hermida. Nos entrevistó a Albaigès
y a mi, un tal Salvador Martín Mateos,
ahora condenado a presentar los deportes en el
telediario de las seis de la mañana, pero eso
es lo de menos.
Mientras esperábamos nuestro turno en una salita,
apareció por allí Fernando Fernán Gómez, que junto
a Amparito Rivelles y Fernando Vizcaíno Casas formaba
una tertulia diaria de dinosaurios. El buen señor
ni se dignó a contestar al "buenas tardes" que le
dirigimos, pero lo mejor fue que mientras esperaba
se le acercó un periodista que le preguntó algo
que le molestó mucho. Se puso hecho un basilisco
y no dijo lo de "¡a la mierda!", pero yo creí que
se lo iba a comer vivo: "¡Largo de aquí, impertinente,
periodista de pacotilla!, ¡váyase!...". Fue la mar
de ilustrativo sobre la exquisita educación de algunos
cómicos.
Me alegro de que Carmelo Gómez no sea así, pero habrás
de reconocer que mi historia con Fernan Gómez, Amparito
Rivelles y Vizcaíno Casas, es más surrealista.
Javier García Algarra
Gracias, Fantine. Conseguirás que acabe por ser mutuo.
Luisma
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