Es un hecho empírico que, cada vez que uno dice “este finde va a ser tranquilito. Me voy a dedicar a descansar” al final resulta ser que tiene mas actividad que aquellos otros que planificas minuciosamente. Pues esto me ha pasado a mí este fin de semana.
Después de haberme prometido a mi misma, tras lo ajetreado de la pasad semana, que me iba a dedicar estos dos días a descansar, ejercer de maruja e ir al gimnasio llegó el viernes. Como todo tercer viernes de mes tocaba reunión en el Hylogui, y como desde que vivo en Madrid no me he perdido ningún evento menisco (salvo causas de fuerza mayor), allí estábamos mi chico y yo, dispuestos a tomarnos algo con unos buenos amigos, y resultó ser una velada genial, a la que se unieron Rapun e Imperator junto con Gorpik, tras salir del concierto de Asia.. Cumplimos el propósito de, en cuanto nos echaron del Hylogui (de forma muy sutil, apagando la música, poniendo sillas encima de las mesas y encendiendo las luces) nos fuimos a casa. Aún así llegamos casi a las cuatro de la mañana.
El sábado nos levantamos relativamente pronto, desayunamos y fuimos al mercado. Me encanta ir a comprar al mercado los sábados por la mañana (que es el único día que tenemos tiempo y podemos permitírnoslo). Es una galería subterránea en plena calle Fuencarral, pero cada vez que entro en ella me hacer retroceder a mi infancia, cuando me iba con mi tía T. a “La Plaza” del Calvario. Normalmente solo compro el pescado (alimento para el que soy bastante maniática y exigente, será por aquello de ser de puerto de mar), y tengo un puesto ya controlado donde la calidad es buena y el precio aceptable, pero hay veces en las que me quedaría mas tiempo dando vueltas por los distintos puestos, comprando todo tipo de alimentos, cosa que normalmente las prisas y el bolsillo me impiden.
El resto del día lo invertí en ejercer de maruja. La verdad es que cocinar me encanta, y no me supone ningún tipo de esfuerzo, y siendo que el fin de semana es cuando puedo hacer cositas un poco especiales, pues así pasa que suelo estar mucho tiempo en la cocina. Lo malo es que también es el fin de semana cuando tengo tiempo para limpiar, así que me puse el “traje de faena” y ¡a pasar el estropajo!
Como no queríamos pasarnos todo el sábado en casa decidimos que iríamos a cenar al chino que hay calle abajo y después al cine. Nos llamó Pou y le apeteció el plan, así que llamamos también a Kike para ver si se apuntaba. Fuimos entonces Pou, jambri y yo hacia el chino (Kike tenía un imprevisto y llegaría mas tarde) y allí nos encontramos con nuestra amiga P., la oncóloga, que había quedado también para cenar con unos amigos. Al final nos reunimos todos en una misma mesa y nos pusimos hasta arriba de platos especiales. Los chinos debieron acabar hasta las narices de nosotros, porque tras la cena nos vendimiamos tres botellitas de licor de flores (la última cortesía de la casa). Y con la alegría adquirida gracias a los potenciadores negativos del CI, nos dirigimos a tomar una cervecita al Coquette, un local muy chulo que hay por la Calle Arenal, pero como eran casi las tres de la mañana, nos avisaron que en media horita deberíamos levantar el campamento.
A las tres y media, los amigos de P. cogieron un taxi y los demás nos fuimos a casa de Kike a continuar la fiesta. P. se fue pronto a casa, porque a las 11 de la mañana le salía el avión a Mahón, y yo pronto me recosté en el sofá, quedándome amodorrada (pese al follón que montaban a mi lado). De todos modos lo pasamos muy bien, alternando buena música con perlas de mensadomaso como José Ángel y su “Soy cristiano y homosexual”, que para quien no la conozca, le animo a bajársela, porque no tiene desperdicio. Hubo un momento que me desperté sobresaltada mientras jambri y Kike cantaban a voz en grito el Himno de Infantería. Memorable, vamos. Solo les faltó el Himno de Telefónica y el del PP.
Acabamos cayendo todos por los sofás, y a las diez de la mañana suena el timbre de la puerta. Jambri se levanta a abrir, y allí se encuentra con una vecina, en bata y zapatillas, pidiendo hablar con Kike, y amenazando con no irse hasta que éste saliese a dar la cara. Nos echo una bronca del quince, aunque no sé muy bien por que en vez de ese paripé no llamó por la noche a la policía (como amenazó con hacer para la próxima vez). Esto sirvió para que nos levantásemos y nos fuésemos a casa, yendo antes a votar: que NO, por supuesto.
El resto del día lo pasamos dormitando, y por la tarde vimos Casablanca, que yo no había visto nunca, y me gustó mucho. Y hoy, para variar, me he levantado hecha polvo, ya que al cansancio se le suma el dolor de espalda de maldormir en el sofá de Kike.
Menos mal que el próximo finde me voy a Vigo, y allí si que descansaré, ya que no he avisado a ningún amigo, solo a la familia, y me voy a dejar mimar por mi mami, que desde Navidad no lo hago
Después de haberme prometido a mi misma, tras lo ajetreado de la pasad semana, que me iba a dedicar estos dos días a descansar, ejercer de maruja e ir al gimnasio llegó el viernes. Como todo tercer viernes de mes tocaba reunión en el Hylogui, y como desde que vivo en Madrid no me he perdido ningún evento menisco (salvo causas de fuerza mayor), allí estábamos mi chico y yo, dispuestos a tomarnos algo con unos buenos amigos, y resultó ser una velada genial, a la que se unieron Rapun e Imperator junto con Gorpik, tras salir del concierto de Asia.. Cumplimos el propósito de, en cuanto nos echaron del Hylogui (de forma muy sutil, apagando la música, poniendo sillas encima de las mesas y encendiendo las luces) nos fuimos a casa. Aún así llegamos casi a las cuatro de la mañana.
El sábado nos levantamos relativamente pronto, desayunamos y fuimos al mercado. Me encanta ir a comprar al mercado los sábados por la mañana (que es el único día que tenemos tiempo y podemos permitírnoslo). Es una galería subterránea en plena calle Fuencarral, pero cada vez que entro en ella me hacer retroceder a mi infancia, cuando me iba con mi tía T. a “La Plaza” del Calvario. Normalmente solo compro el pescado (alimento para el que soy bastante maniática y exigente, será por aquello de ser de puerto de mar), y tengo un puesto ya controlado donde la calidad es buena y el precio aceptable, pero hay veces en las que me quedaría mas tiempo dando vueltas por los distintos puestos, comprando todo tipo de alimentos, cosa que normalmente las prisas y el bolsillo me impiden.
El resto del día lo invertí en ejercer de maruja. La verdad es que cocinar me encanta, y no me supone ningún tipo de esfuerzo, y siendo que el fin de semana es cuando puedo hacer cositas un poco especiales, pues así pasa que suelo estar mucho tiempo en la cocina. Lo malo es que también es el fin de semana cuando tengo tiempo para limpiar, así que me puse el “traje de faena” y ¡a pasar el estropajo!
Como no queríamos pasarnos todo el sábado en casa decidimos que iríamos a cenar al chino que hay calle abajo y después al cine. Nos llamó Pou y le apeteció el plan, así que llamamos también a Kike para ver si se apuntaba. Fuimos entonces Pou, jambri y yo hacia el chino (Kike tenía un imprevisto y llegaría mas tarde) y allí nos encontramos con nuestra amiga P., la oncóloga, que había quedado también para cenar con unos amigos. Al final nos reunimos todos en una misma mesa y nos pusimos hasta arriba de platos especiales. Los chinos debieron acabar hasta las narices de nosotros, porque tras la cena nos vendimiamos tres botellitas de licor de flores (la última cortesía de la casa). Y con la alegría adquirida gracias a los potenciadores negativos del CI, nos dirigimos a tomar una cervecita al Coquette, un local muy chulo que hay por la Calle Arenal, pero como eran casi las tres de la mañana, nos avisaron que en media horita deberíamos levantar el campamento.
A las tres y media, los amigos de P. cogieron un taxi y los demás nos fuimos a casa de Kike a continuar la fiesta. P. se fue pronto a casa, porque a las 11 de la mañana le salía el avión a Mahón, y yo pronto me recosté en el sofá, quedándome amodorrada (pese al follón que montaban a mi lado). De todos modos lo pasamos muy bien, alternando buena música con perlas de mensadomaso como José Ángel y su “Soy cristiano y homosexual”, que para quien no la conozca, le animo a bajársela, porque no tiene desperdicio. Hubo un momento que me desperté sobresaltada mientras jambri y Kike cantaban a voz en grito el Himno de Infantería. Memorable, vamos. Solo les faltó el Himno de Telefónica y el del PP.
Acabamos cayendo todos por los sofás, y a las diez de la mañana suena el timbre de la puerta. Jambri se levanta a abrir, y allí se encuentra con una vecina, en bata y zapatillas, pidiendo hablar con Kike, y amenazando con no irse hasta que éste saliese a dar la cara. Nos echo una bronca del quince, aunque no sé muy bien por que en vez de ese paripé no llamó por la noche a la policía (como amenazó con hacer para la próxima vez). Esto sirvió para que nos levantásemos y nos fuésemos a casa, yendo antes a votar: que NO, por supuesto.
El resto del día lo pasamos dormitando, y por la tarde vimos Casablanca, que yo no había visto nunca, y me gustó mucho. Y hoy, para variar, me he levantado hecha polvo, ya que al cansancio se le suma el dolor de espalda de maldormir en el sofá de Kike.
Menos mal que el próximo finde me voy a Vigo, y allí si que descansaré, ya que no he avisado a ningún amigo, solo a la familia, y me voy a dejar mimar por mi mami, que desde Navidad no lo hago



6 commentaires:
Pero no vendrás a la calçotada :'( No podremos repetir la foto del año pasado... Ais...
Estos findes son los mejores.
Y (ejem)hablando de todo un poco... ¿qué fue lo que le regalasteis a Napalm cuando su boda y eso? O:)
Pues obsequiamos al capi cun el mas horroroso y cutre enano de jardín que te puedas imaginar, Ear :P
Cielos...
Tea, te mando el himno de Telefónica por correo, para que veas que no hay forma de competir con él.
Había olvidado decir que La Coquette es uno de mis garitos favoritos, sobre todo entre semana, que tienen blues en vivo.
Enregistrer un commentaire