... y no, no es por que me de miedo sentarme en sus sillones de tortura para que me hurguen en la boca, ya que la naturaleza me dotó de una dentadura a prueba de bomba que solo necesita una limpieza anual para mantenerse fresca y lozana. Se trata de un odio hacia cierto tipo de actitudes de despotismo y chulería con las que desgraciadamente me toca lidiar día si y día también por motivos de trabajo, ya que el 80 % de mis clientes son odontólogos o estomatólogos. Y aunque no me gusta decirlo (puesto que yo nunca había hecho distingos por nacionalidades hasta empezar a trabajar aquí) si los dentistas son sudamericanos entonces ya es que me sacan totalmente de quicio, pues todavía son mas bordes, prepotentes e insoportables.
De los dentistas en general me joden varias cosas. En primer lugar me toca muchísimo las narices que muchos de ellos te exijan que les trates de Doctor, cuando sé de forma fehaciente que únicamente son licenciados y que no han hecho doctorado alguno. En segundo lugar, la gran mayoría se piensan que por el hecho de ser mujer ya has de ser una secretaria, y te ningunean y te obligan a tratarlos de usted mientras ellos te tutean, cosa que no hacen con mis compañeros de trabajo hombres. Y en tercer lugar, es increíble como teniendo en cuenta lo que te cobran por sus servicios como te lloran por unos cientos de euros cuando les pasas las facturas (esto afortunadamente no todos).
Ayer uno de los mensajeros de la empresa tuvo un encontronazo con una dentista sudamericana. A ella le pareció mal que el repartidor le hiciese notar que no se podía permitir el lujo de estar esperando por ella durante un tiempo indefinido mientras a ella le daba la gana de firmarle el albarán, así que le dijo: “O esperas o te largas”. El pobre D. Me llamó desesperado, no sabía si intentar entrar otra vez, así que llamé yo a la clínica para tratar de hablar con ella. Me encontré con una mujer fuera de sí, que me hablaba de educación a gritos, tratándome con displicencia y sin querer razonar. Y estaba en ese estado por dos motivos: primero porque poco antes una compañera la había llamado reclamándole el pago de unas facturas que tenía pendientes desde julio, y segundo porque un simple y vulgar mensajero había tenido la osadía de replicarle a ella, toda una Doctora. Hay que joderse! Finalmente me dijo que no tenía ningún reparo en que el mensajero volviese pero tendría que esperar hasta que ella pudiese atenderle y además debería disculparse por haber sido grosero con ella.
La cosa quedó ahí. Le dije a D. que no fuese, porque tal y como estaban ambos podían mandarse mutuamente a la mierda, con lo cual sería peor. Además antes quería hablar yo con mi jefa para ver que decidía que se hiciese. Pues bien, esta mañana llamó la dentista en cuestión, diciendo que no abonaría las facturas pendientes hasta que el mensajero no fuese allí, se disculpase e hiciese el recado que había ido a hacer inicialmente. Y mi jefa ha decidido hacer lo peor (según mi modesto entender) que es agachar la cabeza y hacer que D. Vaya allí a disculparse y aguante nuevamente las borderías de esta mujer.
De todos modos, hoy he estado pensando en algo que Oryana me dijo el otro día, y creo que es aplicable también a esta mujer. Oryana acaba de llegar de Perú, donde ha ido a currar en un intercambio de personal entre su empresa en España y la filial peruana de ésta. El otro día hablábamos de las diferencias sociales que existen en esos países, donde los ricos son infinitamente ricos y los pobres miserablemente pobres. Allí los profesionales acomodados (como supongo que será el caso de los médicos) están acostumbrados a que sus subordinados sean poco menos que sus vasallos y los tratan en consecuencia, y claro, no entienden que aquí (pese a ser Zimbabwe en muchos aspectos, laboralmente hablando) haya una serie de normas y leyes laborales que normalmente se cumplen, y que los trabajadores no acaben tragando con todo lo que a los jefecillos se les pueda meter entre ceja y ceja. Y esa mujer es una clasista, que por el mero hecho de que trabajes en algo que ella pueda considerar inferior, o no tengas estudios, o seas de familia humilde, o un largo etcétera ya te considera como alguien inferior que se debe limitar a acatar sus órdenes mientras sonríe y le lame el culo.
Sin embargo, y pese a comprenderlo, obviamente no lo justifico. Y me jode, me jode mucho. Pero lo que mas me joda es que por 150 € de mierda que esa tipa nos debe mi jefa haya preferido agachar la cabeza, y le haya consentido a esa mujer que mienta y acuse de grosero y maleducado a un chaval que no lo es en absoluto (es más, es de esas personas que siempre tiene una sonrisa y un buenos días cada vez que entra en un sitio). Me jode que siempre acaben ganando los mismos. Pero al fina y al cabo a mi también me toca tragar, porque si de mi dependiese la clienta se quedaría esperando sentada las disculpas, y si no quiere pagar pues cancelaba el contrato con ella, que no me iba a sacar de pobre.
Au revoir!
mercredi, décembre 21, 2005
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9 commentaires:
Cada vez tengo mas claro porque no me toca la loteria....
Mi dentista es un cielo de mujer y mi amiga Merce, que tambien es dentista, es lo mejor que me ha pasado en los ultimos 4 años.
Ah, y ambas tienen el doctorado.
Por suerte hay excepciones. Y es que precisamente quien tiene el doctorado suele ser quien menos alardea de ello. El dicho "dime de que presumes" en estos casos es verídico
Es un error por parte de tu jefa, y por partida doble. Es un error de cara al chico y de cara a la cliente.
Como se entere Lobezno...
Pues mi hermano es dentista y es más majo el chaval.. bueno.. majo majo.. un poco borde y sobrao.. pero no porque sea dentista, sino porque de pequeño cogió a su tete como modelo a seguir!
> ... que es agachar la cabeza y hacer
>que D. Vaya allí a disculparse y aguante
>nuevamente las borderías de esta mujer.
¿ De qué te asombras ?
La pela es la pela: los clientes se pierden fácilmente, pero contratar a un trabajador nuevo es fácil.
Puto mundo ...
Hmmmm...
Sudamérica es un sitio muy curioso.
Pero el clasismo es universal: Sea de maturaleza económica (el más burdo) intelectual, estético o religioso.
Todo el mundo se siente tentado por el hecho de creerse mejor, y singulares en el mundo. Yo vivo de manipular eso, en cierta manera.
Y por cierto, lo que tienes es un mal cliente. Mándalo a tomar por culo, pero no por gilipollas, pretencioso, mierdero y tocagüebos, sino antes de que os deje a deber una pella muy superior.
Desde hace tiempo pienso que los hispanoamericanos pobres son encantadores, y los ricos unos hijos de puta. Habrá excepciones, pero casi todos los que he conocido entran en esta descripción.
Doy la razón a Gorpik, pero me callo respecto a los hispanoamericanos que eran ricos y pasaron a ser pobres, que uno es modosito y tal. Ejem.
De los dentistas no digo ná, que yo ya he tenido más suerte de la que me esperaba en eso, la verdad.
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