mercredi, mai 04, 2005

Historia de una ida y una vuelta

Bueno, realmente será la historia de una ida, porque por suerte la vuelta transcurrió no sólo sin contratiempos, sino con adelanto sobre el horario previsto. Aviso no obstante a navegantes: “si alguno de mis fieles lectores tiene familia, amigos o seres queridos trabajando en Iberia, es ahora el momento de interrumpir la lectura, pues la terminología que emplearé en la descripción de los hechos puede herir sus sentimientos”.

El sábado nos levantamos temprano, a las 9 de la mañana. Quería llegar con tiempo a Barajas porque me imaginaba lo que allí nos encontramos: colas kilométricas en los mostradores de facturación, y como ya en navidad había habido overbooking en mi vuelo (sin consecuencias, para mi persona, pero overbooking a fin de cuentas) no quería tener ningún problema al respecto. Aún así, llegamos con excesivo tiempo, pues el vuelo salía a la 1 de la tarde, y pese a desayunar un chocolate con churros por ahí, subir a Barajas en metro, hacer la cola, facturar y comprar el Jueves para tener lectura durante el viaje, habíamos terminado porco después de las 11, con lo cual me quedaban dos horitas hasta la supuesta hora de partida. Como anécdota decir que en los mostradores de facturación (aunque de Bussines Class, eso si) me crucé con Anita Obregón, y puede comprobar con mis propios ojos que en persona es todavía más esperpéntica que a través de la caja tonta.

Jambri se quedó conmigo hasta eso de las 12, y estuvimos viendo tiendas de souvenirs y hojeando revistas, además de despedirnos dándonos muchos mimitos como si en vez de a Vigo por cuatro días me fuese al Polo por 3 años. Sabiendo ya cual era mi puerta de embarque entré en la terminal. Cuando llegué, el avión ya estaba enganchado a la pasarela, por lo que (ilusa de mí) imaginé que saldríamos puntuales y llegaría a Vigo con tiempo de sobra para comer y sin causarle a mis padres una espera innecesaria. Sin embargo el tiempo pasaba y el embarque no se abría, y el par de azafatas que custodiaban la puerta nos daba como única explicación, acompañada (eso si) de la consabida cara de “me huele a mierda” que no sabían por que, pero el vuelo se iba a retrasar. Cono dos cojones, sí señor. Eso es servicio de atención al público y lo demás son tonterías.

Ya al llegar me había fijado en la presencia de Moncho Borrajo entre los pasajeros, que no sé si sabéis pero es de Vigo, y además de a trabajar iba a pasar el puente con su familia y un par de jovenzuelos que le acompañaban. Pero una vez comenzada la espera, todo el pasaje pudimos disfrutar con sus irónicas alusiones al funcionamiento de Iberia y a como sería la vida sexual de las azafatas para que nos mirasen con semejante cara.

Por fin, una hora después de lo previsto, me encontraba sentada en el avión, en el cual hacía un calor desmedido, pese a ir vestida con ropa de lo más veraniega. Una vez que todos hubimos ocupado nuestros asientos, el Capitán nos dirigió unas palabras de justificación y disculpa, que al menos a mí lo único que consiguieron fue cabrearme mas, ya que achacaba el retraso a haber llenado en exceso los depósitos de combustible, lo cual le confería al avión un sobrepeso que hacía peligroso el aterrizaje en Vigo. ¡¡Como si fuese el primer vuelo de Iberia de la historia, vamos!!. Además, nos comunicaba una espera de 20 minutos en pista hasta el despegue, debido a la cola de aviones que salían en aquel momento. Eran las 14:30 y yo sin comer y con mi familia esperándome en Peinador, y ni siquiera un vaso de agua (a no ser pagando) que llevarme a la boca.

Cerrar puertas y rampas. Motores en marca. Y en esto que empieza a funcionar el aire acondicionado de la cabina, pasando en segundos de sudar como pollos a pedir con sorna mantitas a los azafatos, que se apresuraban a decirnos que enseguida bajaban el aire. Pero bueno, al menos ya estábamos en camino.

A eso de las 15:20 el avión por fin llegó a su destino. Cansados como estábamos y siendo la hora que era, en pocos segundos estábamos todos en pié y con nuestro equipaje de mano sujeto, haciendo cola en el pasillo para salir. Pero hete aquí que las puertas no se abrían, y al haber parado motores también se había apagado el aire acondicionado, con lo que os pedéis imaginar la forma de sudar de medio pasaje. Y por fin a las 15:45 estaba en la calle, con mi maleta (al menos no me extraviaron el equipaje que había facturado) y un hambre canina camino del coche con mi padre para irnos a casa a comer, casa a la que llegué a las cuatro de la tarde.

Por todo eso me cago en Iberia y en la puñetera madre que les parió a todos, azafatas, pilotos y demás personal incluidos. Me cago en las excusas absurdas e irrisorias que intentaron darnos. Me cago en los retrasos, el overbooking y las cancelaciones. Me cago en los precios abusivos de las bebidas a bordo (1,50 € por un botellín de agua de 0,20 ml). Pero sobre todo me cago en mi naturaleza despistada, debido a la cual perdí la tarjeta de embarque en mi casa y no pude presentar la reclamación correspondiente:

7 commentaires:

Nemo a dit…

Por un lado estoy ansioso de que llegue el día (ya anunciado) en el que empiece a funcionar un puente aéreo barato entre Madrid y Granada.

Por otro lado me cago de pensar lo que puede ser eso.

Fantine a dit…

Al menos no fué como el día que kike y yo tardamos lo mismo en llegar a Vigo, el en coche y yo en avión.
De todos modos, me queda el consuelo de que el billete del sábgado era de los ultrabaratos de 19 €

oniric a dit…

Pues nada, que pasaba por aquí, y como soy bien educada, saludo.
Por cierto, que yo fui a Vigo en avión con mi bebito y me perdieron el cochecito; la azafata me dijo que reclamara, pero yo, pensando en las cuestas que me esperaban en la ciudad, con quince kilos en brazos, dije: no, no quiero reclamar, yo sólo quiero mi carrito :_(
Milagrosamente, apareció en el siguiente vuelo, que llegó enseguida.

Nemo a dit…

En eso, como en todo, esto sucede porque la gente no reclama.

Y no me refiero a dar golpes y amenazas, con gritos y tacos. Ellos están preparados para eso, y les legitima. Me refiero a ese momento en el que el empleado se da cuenta, con un sudor frío, de que no te vas a ir, de que no te vas a rendir, de que no vas a dejar de ser fríamente educado, y de que no vas a dar el menor motivo para que tú acabes siendo el culpable.

Desde que aprendí eso, no he vuelto a tener problemas.

Fantine a dit…

Por eso me jodió tanto perder la tarjeta de embarque. No reclamé en su momento porque era muy tarde y sabía que podía hacerlo en cualquier momento, y por cabeza loca me quedé sin reclamar (y sin los puntos Iberia Plus que te dan por los retrasos :P)

Pucela a dit…

Yo sólo he volado una vez (bueno, cinco veces, pero para ir a un sitio determinado con "escalas" en una semana).
No guardo mal recuerdo, ya que iba a gastos pagados (jejeje, cosas de ser a Very Important Person del PP en aquella época) :pp

. a dit…

JUAS!!! ¿Sólo eso? Nunca te he contado yo de aquella vez que tuve un tránsito en el aeropuerto de Frankfort (12 horas) y el avión se retrasó 3 horas más?? Eso sí que te acaba desquiciando!! XD