dimanche, août 20, 2006

Iba yo de peregrinaaa ....

... y me cogiste de la manooooooooooo. Ese fué nuestro grito de guerra durante los cinco días que jambri y yo recorrimos a pié los 116 kilómetros que separan Valença de Santiago. Independientemente de los motivos que lleven a la gente a peregrinar a Compostela (religiosos, turísticos, deportivos o un compendio de todos ellos) merece la pena hacerlo. Pese a acabar con agujetas en músculos de los que no conocía su existencia, ampollas en los pies y mucho, muchísimo sueño, no cambiaría esos cinco días por nada. Conoces a gente con la que compartes camino, mesa y litera. Atravieas pueblos donde la gente te sonríe y te trata con amabilidad, e incluso despiertas tu vena solidaria ayudando a sofocar los incendios forestales que te encuentras a tu paso (como hizo un grupo de portugueses con los que coincidimos en nuestro peregrinar).

Los incendios. Esa fué la única cosa negativa. Y es que aún se me llenan los ojos de lágrimas al recodar esos montes negros, aún humeantes, y esos paisanos desesperados viendo como lo habían perdido todo. Como bien dijo una vez mi hermano, yo cogería a los pirómanos, los montaría en el hidroavión y los lanzaría sobre el fuego, a ver como salen de allí.

Por lo demás, vimos muchas cosas. Antes de salir pudimos fotografiar un water para perros en Tui. Pasamos por hermosas iglesias y ermitas. Dormimos en albergues de los mas variopitno, con concurso de ronquidos y de olor de pies incluídos. Nos tomamos cañas y hartón de colesterol con un heterogéneo grupo de peregrinos en Padrón. Madrugamos como nunca, saliendo a diario a eso de las 5:30 de la mañana (a la "fresca", vamos) para coger sitio en el siguiente albergue. Tomamos fruta prestada de los árboles que bordeaban el camino. Pasé miedo atravesando una columna de humo de 20 metros procedente de un incendio a medio apagar, y ese mismo día a duras penas pasamos por un camino plagado de árboles caídos y destrozado por los tractores que habína hecho los cortafuegos. Y por fín llegamos a Santiago, donde cumplimos con todos los ritos que un buen pergrino debve hacer, a saber: ir a la Misa del Peregrino (queríamos ver el Botafumeiro, pero al no ser domingo ni año Santo nos quedamo con las ganas, pese a tragarnos un sermón conjunto en italiano y castellano), conseguir nuestra Compostela (certificado de haber peregrinado mas de 100 km andando), dar los croques a la efigie del Maestro Mateo en el Pórtico de la Gloria y finalmente abrazar la efigie del Apostol santiago y visitar su sepulcro (y el de los dos discípulos que lo trajeron a tierras galaicas).

Y así, de forma breve, se pueden resumir esos cinco días de vacaciones algo difernetes que nos tomamos este año. En próximas ediciones os contaré lo que hicimos el resto de días de asueto de los que hemos disfrutado y que, desgraciadamente, mañana tocan a su fin.

Au revoir!

1 commentaire:

Unknown a dit…

Mira que he caminado en la vida, y aún no he hecho el camino de Santiago. En noviembre de dos mil siete me hospedé una semana en Santo Domingo de Silos, y paraban peregrinos allí, un italiano decía que para él era un viaje interior -en el mejor y más espiritual sentido-, y tal como lo describes, debía tener razón.

Mi amigo Paquito lo hizo entero en bicicleta, desde Navarra, y acabó con rozaduras en las ingles y otras zonas, pero tanto él, como Santi, Jesús y demás amigos míos que lo han recorrido, traen y narran el recuerdo de una experiencia grata.

Ya menseñarás las fotos. La del wc para perros en particular.

Fer