Una de las tradiciones que he adoptado desde mi ingreso en Mensa es participar en la calçotada que anualmente organizan los socios catalanes. Salvo el año pasado, que me la tuve que perder por motivos laborales, desde que descubrí tan peculiar fiesta gastronómica no me he perdido ninguna. La de este año, sin embargo, ha sido la mejor que recuerdo por varios motivos (por mucho que algunos se empeñaran en ensalzarme las excelencias del menú del año pasado).
El pasado viernes salí prontito de trabajar y me fui a esperar al maño a su trabajo, cogimos el coche y nos fuimos a recoger a Jambri en San Fernando. Pronto estábamos en carretera dirección Zaragoza, donde nos esperaría R., la chica de Gorpik, que llegaba desde Pamplona en autobús. Una vez que estábamos ya todos pusimos dirección Salou, a donde llegamos a eso de las 9 y media de la noche. Teníamos una reserva en un japonés de bufett libre para las 10 y media, así que hicimos tiempo dejando las maletas en casa de paywoocket y charlando.
La cena del japonés fue algo tremendo. Hacía tiempo que no me inflaba de esa manera, y menos de sushi, maki, sashimi y demás exquisiteces niponas. Además, un pequeño problema de entendimiento con la camarera, que no hablaba nada de español, hizo que nos sirviesen muchos mas platos de los que habíamos pedido. Del japonés nos fuimos a echar unos bailes y tomar algo, aunque nos volvimos relativamente pronto a casa.
El sábado amaneció un día espléndido. El sol brillaba, el cielo era azul y la temperatura era ideal (máxime si tenemos en cuenta la época en la que nos encontramos). Fuimos a desayunar a una cafetería – pastelería próxima, donde nos fuimos reuniendo los que hicimos noche en Salou, y tras un buen desayuno y una animada charla nos dirigimos hacia el lugar donde se celebraría la comilona, que estaba previsto que empezase a las 3 de la tarde. Mientras esperábamos a que los calçots estuviesen en su punto tomamos diversos refrescos, vinos, cañas o vermouts mientras tomábamos posiciones en las meses que habían colocado fuera.
Si pensaba que la noche anterior había cenado mucho, la comida del sábado no se le quedó a la zaga. No se cuantos calçots pudieron caer, pero quizás dos docenas, y después salchichas, butifarra negra, alubias blancas y chuletillas de cordero, y para rematar crema catalana. Como si de una boda se tratase terminamos de comer pasadas las 6 de la tarde, y tras el café se fueron montando grupos de charla o de juego.
Por la noche nos fuimos unos cuantos a dedicarnos a la culturizante actividad de ver el partido del Barça y tomarnos algo, y nuevamente a casita a dormir, que el día había sido muy largo. Nos quedaba aún la comida de despedida del domingo (una fantástica paella en el mismo sitio donde la calçotada del día anterior), a la que precedió un bonito paseo por la orilla del mar con Jambri y Kike, y tras comer a toda prisa cogimos de nuevo el coche para volvernos a Madrid, con paradita en Zaragoza para dejar a R. a tiempo en el autobús.
Yo no se vosotros, pero el año que viene pienso repetir, y espero que volvamos a coincidir muchos de los presentes este año, y que las lamentadas ausencias no se vuelvan a dar.
Au revoir!
mardi, février 21, 2006
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4 commentaires:
Me hubiera gustado poder estar. Pero poco a poco voy llenando eventos mensistas a los que ir (RAM, Asamblea...), así que este no se me escapa la próxima vez.
Para el próximo año esperamos dominar ya el arte de la cucaracha.. que lo de intentar quemar con chupitos de plástico quedó demasiado friki.
Pena no tener cuerpo para estos viajes relámpago a sitios tan lejanos de la capital del imperio...
¡ Ya podrían los catalanes hacer alguna de las calçotadas en Madrid ! X-DDD
Yo estuve, yo estuve!! :)
Y fue un honor compartir pañuelos con Ud. y salchichas con su chico (ejem).
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