mercredi, juillet 20, 2005

Paseos nocturnos



Una de las cosas que mas me gusta de las noches de verano es salir a pasear, sin mas, sin rumbo fijo, únicamente caminar por el placer de hacerlo, a la vez que contemplo lo que hay a mi alrededor. Me es igual hacerlo por el campo, la playa o la ciudad; cada uno de estos sitios tiene su encanto especial. El caminar descalza por la arena, con el agua del mar rozándome los tobillos, mientras un olor a salitre inunda mis pulmones es una de mis sensaciones favoritas, y no digamos si acompaña una enorme luna y un cielo plagado de estrellas.

Este fin de semana pude practicar esta afición en su versión urbana, ya que jambri y yo nos fuimos a Salamanca. Me encanta esa ciudad y sus noches, y más en verano, cuando los estudiantes se han marchado y el pasear por sus calles se convierte en un placer.

Como decía, este fin de semana fui a Salamanca. Llegamos el sábado por la mañana, después de un pequeño madrugón tras la reunión del día anterior. La verdad es que estaba muy cansada, y la siesta me dejó todavía con peor cuerpo, sin embargo habíamos quedado con la madre de jambri en que iríamos a comprar el regalo de cumpleaños de éste esa tarde, así que saqué fuerzas de flaqueza y allí nos fuimos, a patearnos centros comerciales con un sol de justicia. ¡Bendito aire acondicionado!

Por la noche no tenía el cuerpo para mucho sarao, sin embargo tampoco me atraía demasiado el pasarme toda la noche metida en casa, sobre todo con la maravillosa temperatura que hacía una vez puesto el sol, así que allá nos fuimos para el centro, con intención de tomar un cafelito en alguna terraza y poco más. Una vez aparcado el coche (y en pleno centro, oigan) empezamos a caminar sin rumbo fijo, teniendo como único objetivo el encontrar una terraza donde podernos sentar. Bajamos por la Calle Zamora con dirección a la Plaza Mayor, la atravesamos, tomamos la Calle Mléndez y nos acomodamos en una terraza "El Corrillo", en la Plaza de San Benito. Todo ello sin prisas, observando los hermosos edificios que aparecían a nuestro paso, cuya iluminación destaca el hermoso color amarillo de la piedra de Villamayor empleada en la construcción de todos ellos.

Tras el café me apeteció ir hasta la Catedral, una de las más bellas de España (aunque para mí ninguna como la de Santiago, que queréis, la terriña tira mucho), y la única en que podemos observar dos catedrales anexas: la primigenia románica y la gótica Catedral Nueva. Así que llegamos hasta la Universidad Pontificia, pasamos por delante de ésta y de la Casa de las Conchas y subimos por La Compañía hasta la Calle Rúa, torciendo en dirección a la Plaza de Anaya, donde surgió ante nosotros, majestuosa, la torre de la Catedral Nueva. Atravesamos la plaza y nos encaminamos hacia la impresionante iglesia de los Dominicos, o de San Esteban, que en cualquier otra ciudad sería una catedral, de no haberla ya. La bordeamos admirando sus colosales medidas, y jambri me quiso llevar al contrapunto de esta, una pequeña iglesia románica, la de Santo Tomás Cantuariense, cuyo discreto encanto competía en belleza con San Esteban.

Para finalizar el paseo, nos dirigimos nuevamente hacia el coche por la gran vía, pasando primero por la Torre del Clavero, imponente torre de defensa del antiguo Palacio de los Sotomayor. Y otra vez cruzamos la Plaza Mayor, ya apenas sin gente pues la hora hacía que bares y terrazas que la pueblan hubiesen ido cerrando. Y nos volvimos a casa.

Todo esto lo fuimos haciendo despacio, con ritmo pausado, cogidos de la mano como un par de tortolitos, y a la vez que mirábamos los edificios a nuestro alrededor como si nunca hubiésemos pasado por allí. Y pese a la belleza que íbamos contemplando, lo mejor de todo fue el paseo en sí, la posibilidad de vagar sin rumbo fijo por el puro placer de caminar, sin un horario que cumplir, sin prisas por tener que llegar a un determinado lugar a una determinada hora. La verdad es que necesito ya unas vacaciones, pero este pequeño paseo nocturno ha sido un magnífico adelanto.

12 commentaires:

Rapunzell a dit…

Yo estuve en Salamanca hace un par de años, por trabajo. Poder pasear así fue uno de los mejores recuerdos. es una ciudad realmente hermosa.

Aunque al leer la parte de las compras con el calorazo se me ha caído el alma a los pies :)

Fantine a dit…

Es que cuando vamos a Salamanca vamos principalmente por estar con la madre de jambri, y claro, la mujer quería comprarle unos pantalones al muchacho por su cumple, y te aseguro que mi chico es lo peorcito para ir de compras. De todos modos tampoco estuvo tan mal

Las Rutas de la Salamandra a dit…

Bueno.. la Sagrada Familia tampoco está mal, ¿no?
Besosss..

Earendil a dit…

El tiempo es el ingrediente que más suele faltar en este occidental menú de la vida. Y es que si se tiene tiempo todo tiene otro sabor.

Un besazo preciosa.

Nemo a dit…

[Insértese aquí un comentario algo ingenioso y sarcástico]

Fantine a dit…

Cristian: Cuando la Sagrada Familia esté teminada, si mis ojos llegan a verlo, ya te comentaré que me parece xD

Ear: Nunca valoramos el tiempo hasta que empezamos a echar en falta tener mas.

Imperator, cielo, no necesitas poner un comentario ingenioso y sarcástico para que sepa cómo eres, pero me ha hecho gracia ;)

. a dit…

Buej, buej, que estáis todos fardando de vacaciones, escapadas y eso... Con lo bien que se está en casa viendo telebasura y jod***** de calor...

Anonyme a dit…

Pues a mi me mola pasear por Salamanca ... a las mil, to pedo y berreando coplas y/o canciones de Mago de Oz :-D

Gorpik a dit…

Salamanca es una de mis ciudades favoritas, y hace ya más de 15 años que no voy. Tendré que poner remedio.

Pucela a dit…

Yo nunca he estado en Salamanca. Ni en Galicia. Ni salgo a pasear por las noches.

UHms. Iros a freir espárragos (yo, desde la envidia).

Fantine a dit…

Gorpik: A ver si volvemos a orgnizar otro finde en Salamanca, como hace tres años. La cosa estuvo muy bien

Pucela: Lo mismo para ti. Y sobre Galicia ... si te animas a ir cuando yo esté por ahí, ten por seguro que tendrás a la mejor cicerone que puedas desear ;)

Duende a dit…

Algún día habrá que pasar por ahí. Besos, Duende.